NO A LA PAPELERA

diciembre 5, 2007

30 años de la Masacre de San Patricio

A 30 años de la masacre de San Patricio – 4 de Julio de 1976

Otro de los terribles testimonios de las atrocidades que cometió la infame e inmunda dictadura y sus cómplices, tanto civiles como religiosos !

Escucharán en el relato decir que “… la iglesia sufrió persecuciones …”.

Esto es una inmensa y tenebrosa mentira con el único fin de poner en mejor situación a la Iglesia Católica Argentina por su, ahora gracias a las pruebas, manifiesta responsabilidad y participación.

No fue una persecusión A TODA LA IGLESIA ! … solo fue a ALGUNOS Y PREVIAMENTE SELECCIONADOS integrantes de la misma !

Rubén Capitanio, párroco de la diócesis de Neuquén que había declarado en el juicio del cura criminal Christian Von Wernich, ahora purgando condena, relata y pide perdón por su Iglesia.

Monseñor Carmelo Giaquinta dice: “… cómo no me puse a gritar contra los 3 comandantes… cómo les di la mano…”

INFORMACIÓN SOBRE LA “MASACRE DE LOS MONJES PALOTINOS”

Domingo 15 de marzo de 1970. “Ocho jóvenes universitarios eligen el camino de Dios”: es el título del reportaje de Clarín. Los entrevistados: el padre Alfredo Kelly, director espiritual del seminario de la Sociedad Palotina; el padre Alfredo Leaden, maestro de novicios; y los jóvenes que dejaban sus carreras para ingresar al seminario, entre ellos, Roberto Killmeate (Derecho), Jorge Kelly (apenas egresado del secundario) y Daniel Irigoyen (Arquitectura).

Seis años después, la prensa del país debió dar cuenta, horrorizada, de la que pasó a llamarse “la masacre de San Patricio”: entre los muertos estaban los dos sacerdotes. Y Killmeate y Kelly se habían salvado por poco.

Hoy, a los 58 años, Irigoyen es por segunda vez intendente de Gualeguaychú. “El día de la masacre, Killmeate había viajado a Medellín y había ido al cine. Por eso no los mataron”, recuerda Irigoyen, quien para el 4 de julio de 1976 ya había dejado de ser seminarista.

Integrantes del Movimiento de Schöenstatt, cuyo fundador, José Kentenich —hoy canonizado por Juan Pablo II— era sacerdote palotino, les resultó natural optar por ese camino. En el seminario, los visitaba cada tanto y jugaba al fútbol con ellos el padre Carlos Mugica, muerto en 1974 por la triple A.

Hicieron un año de noviciado en San Antonio de Areco y pasaron al seminario palotino de Brasil. A fines de 1971, los tres seminaristas de Gualeguaychú —Enrique Guastavino, Luis D’ Elía e Irigoyen— volvieron a la Argentina para formarse aquí. Pero sólo había noviciado palotino, por lo que terminaron en Paraná, en un barrio, siempre considerándose “seminaristas”. Vendieron sándwiches, estudiaron religión de noche, trabajaron en distintas cosas. “Siempre, con el objetivo de transformar la realidad desde un compromiso con los pobres”, afirma Irigoyen.

La vocación religiosa se trocó entonces por la política. En 1973, como delegado sindical, Irigoyen cuestionó al gobierno por el uso de fondos sindicales. Cayó preso en noviembre de 1974. La Justicia dispuso su libertad pero la Policía ya no obedecía órdenes.

Irigoyen permaneció preso hasta 1978. Estuvo en Paraná y fue torturado: “Querían que firmara una confesión falsa y que incriminara a otros, pero no lo hice, por eso me torturaron”. También pasó por Gualeguaychú y Coronda. De la prisión, rescata algo: “Más allá del dolor físico y psicológico, estaba el grupo humano que formamos adentro. Salí fortalecido en mis convicciones”, sostiene.

El 4 de julio de 1976 Irigoyen estaba preso en Gualeguaychú. Un mes antes, el padre Alfredo Leaden había ido a visitarlo pero la guardia no lo dejó pasar.

En el seminario, Leaden había sido su maestro. “Estaba también el padre Kevin O’Neil, irlandés, maestro de los seminaristas asesinados —dice Irigoyen—. Fue el que más investigó sus muertes”, asegura.

“Leaden era el prototipo de la persona buena, un pan de Dios; sabía escuchar. El padre Kelly era un tipo que le ponía pasión a las cosas. Desde el púlpito en Belgrano denunció lo que había que denunciar en ese momento, y creo que esto tuvo que ver con su muerte”, recuerda.

También investigó los asesinatos el padre palotino Efraín Sueldo, con quien Irigoyen sigue en contacto. “El me casó y luego, en mi primera intendencia, le pedí que nos asesorara espiritualmente”, dice.

En julio de 2005, el Episcopado argentino autorizó el inicio de la causa de beatificación de los cinco mártires del 4 de julio. Fueron convocados a dar testimonio los antiguos seminaristas, entre ellos, Irigoyen. Y los cineastas Pablo Zubizarreta y Juan Pablo Young los reunieron para un documental sobre la masacre. Así, seis de los “ocho jóvenes universitarios” volvieron a encontrarse. “Después de tantos años, pudimos ver que, aun por distintos caminos, todos hemos conservado las mismas convicciones y compromiso”, dice Irigoyen.

Anuncios

julio 9, 2007

Juicio contra la cúpula del Comando de Inteligencia 601

Mañana 10 de julio de 2007 serán juzgados otros criminales del proceso – 09/07/2007fuente

La causa en la que se investiga la desaparición de los militantes montoneros que ingresaron en el país en 1980 se rige por el Código viejo, lo que implica que no habrá juicio oral. Pero se realizarán audiencias públicas en las que se escuchará a los testigos, que comenzarán el 10 de julio. El juez tendrá luego cuarenta días para dar a conocer la sentencia.

Diez represores que actuaron en el Batallón de Inteligencia 601 están cerca de conocer su sentencia. Están acusados en la causa en la que se investiga la desaparición de un grupo de militantes montoneros que fueron secuestrados al regresar al país en el marco de la operación de “contraofensiva”. El expediente se rige por el Código viejo, lo que implica que no se realizará un juicio oral. Sin embargo, a pedido de las partes, serán públicas las últimas audiencias de testigos, que comenzarán el próximo 10 de julio. Luego, el juez Ariel Lijo tendrá cuarenta días para dar su veredicto.

En octubre de 1997, en el programa del mediodía de Mauro Viale, un sargento retirado del Ejército llamado Nelson Ramón González aseguró que Ricardo Zucker –hijo del actor Marcos Zucker– estaba enterrado en Campo de Mayo y que el Ejército lo perseguía porque tenía “listas”. Zucker había sido secuestrado en febrero de 1980, luego de que regresara al país desde Madrid, donde estaba exiliado. Su esposa, Marta Libenson, y Julio César Genoud fueron apresados con él. Todos habían vuelto a Argentina como parte del plan de la conducción de la agrupación Montoneros de tratar de reiniciar la lucha contra los militares.

La sorpresiva aparición de aquel “arrepentido” hizo que se comenzara una investigación sobre el destino de quince personas que fueron secuestradas entre fines del ’79 y principios del ’80. En 2002 el juez federal Claudio Bonadío reactivó el caso, ordenó detener a cuarenta represores y declaró la inconstitucionalidad de las leyes de punto final y obediencia debida.

En estos cinco años, la causa tuvo idas y vueltas. Bonadío fue apartado del expediente después de arrestar a los ex dirigentes montoneros Fernando Vaca Narvaja y Roberto Perdía por considerarlos partícipes necesarios de la desaparición de los militantes de su agrupación. El caso fue dividido y se iniciaron causas separadas que quedaron a cargo de distintos juicios. Ahora, finalmente, diez de aquellos represores, entre los que está la plana mayor del Batallón de inteligencia 601, recibirán su sentencia.

Los acusados son: Jorge Luis Arias Duval, que fue jefe de la Central de Reunión del 601 y responsable del grupo de tareas 2, que llevó a cabo los secuestros que se investigan en esta causa; Julio César Bellene, que fue segundo jefe del Batallón 601 entre 1978 y 1981 y pasó a ser jefe hasta 1984; Juan Carlos Gualco, Carlos Gustavo Fontana y Waldo Carmen Roldán, también de la conducción del 601. Además, Santiago Manuel Hoya, personal civil de inteligencia; Antonio Herminio Simón, que fue jefe del destacamento de inteligencia 123 de Paso de los Libres, y Julio Héctor Simón, que fue personal civil de inteligencia del 601 luego de ser secuestrador y torturador de varios centros clandestinos. Este Simón, alias El Turco Julián, fue condenado el año pasado por el secuestro de la familia Poblete.

Los otros dos represores involucrados en estos hechos son Cristino Nicolaides, ex comandante del III Cuerpo de Ejército, y Pascual Omar Guerrieri, ex jefe de la central de operaciones del 601. En un acto realizado en 25 de abril de 1981, Nicolaides dio cuenta del secuestro de quienes habían participado de la contraofensiva: dijo que dos células de entre 10 y 14 hombres habían logrado ingresar en el país y que habían sido aniquilados. Guerrieri, a quien Bonadío consideró creador del grupo de tareas 2, fue sorprendido el año pasado cuando violaba el arresto domiciliario. El represor se presentó en el Regimiento de Patricios para pedir “asilo” porque había periodistas en la puerta de su casa. Le dijeron que no y fue filmado en la calle cuando debía estar en su departamento. El juez Lijo, que ya estaba a cargo del caso, y el magistrado de Rosario Omar Digerónimo lo mandaron al penal de Marcos Paz. Pero el represor estuvo allí sólo un año. Los dos jueces decidieron a principios de este año que, por motivos de salud, el hombre volviera a su casa.

Las audiencias del juicio contra estos diez represores comenzarán el 10 de julio próximo. Durante cuatro días, 19 personas darán su último testimonio antes del veredicto. Entre los convocados hay familiares de las víctimas –entre ellos el secretario de derechos humanos de la provincia de Buenos Aires, Edgardo Binstock–, el dirigente peronista Juan Carlos Dante Gullo y el diputado Miguel Bonasso. Sólo resta definir si Silvia Tolchinsky, que estuvo secuestrada y vio a algunos de los desaparecidos en Campo de Mayo, vendrá al país o declarará a través del consulado o la embajada en Madrid. Tolchinsky vive en España y en el juicio también se juzga las torturas a las que fue sometida y su reducción a la servidumbre. Como la causa se rige por el Código viejo, las acusaciones ya están hechas. Los fiscales Jorge Alvarez Berlanda y Oscar Amirante pidieron 25 años de prisión para todos los acusados por los delitos de asociación ilícita, privación ilegal de la libertad, apremios ilegales y torturas. La abogada Carolina Varsky, del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), solicitó la pena máxima para todos los represores.

Comienza el juicio a nueve represores – 10/07/2007

Los ex militares estaban comandados por Cristino Nicolaides y están acusados del secuestro y la desaparición de militantes montoneros durante la conocida “contraofensiva” de 1979. Desde la anulación de las Leyes del Perdón, esta es la primera vez que son juzgados ex militares, ya que hasta ahora los acusados habían sido policías.

Por primera vez desde que se anularon las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, comenzarán a ser juzgados hoy nueve ex militares. Están acusados del secuestro y desaparición de varios militantes montoneros que entre fines de 1979 y comienzos de 1980 ingresaron al país para la denominada “contraofensiva”.

Esta mañana, en los Tribunales ubicados en Talcahuano 550, comenzarán a declarar ante el juez federal Ariel Lijo los testigos y durante toda la semana habrá audiencias. El grupo de militares investigado estaba encabezado por el ex jefe del Ejército Cristino Nicolaides.

Se investigan los secuestros de seis militantes montoneros que volvían al país para la “contraofensiva” y terminaron descubiertos por las fuerzas militares. Ellos son Julio Genoud, Verónica Cabilla, Angel Carvajal, Lía Guangiroli, Ricardo Zucker y Silvia Tolchinsky. Salvo esta última, todos permanecen desaparecidos.

La originalidad de este caso es que es el primero en el que se juzga a ex militares. Hasta ahora, los juicios que hubo desde la reapertura de las causas por violaciones de los derechos humanos durante la dictadura tuvieron como acusados -y condenados- a policías. Así pasó el año pasado con Julio Simón (alias “el Turco Julián”) y el ex comisario Miguel Etchecolatz. El otro juicio en marcha es contra el ex capellán policial Christian Von Wernich, en La Plata.

El juez tomará cuatro jornadas de declaraciones hasta el viernes y luego seguirá el 19 de este mes, hasta completar una nómina de diecinueve testigos ofrecidos, entre quienes están el diputado Miguel Bonasso, Juan Carlos Dante Gullo y el secretario de derechos humanos bonaerense Edgardo Binstok.

Blog de WordPress.com.