NO A LA PAPELERA

agosto 7, 2007

EL CRIMINAL SACERDOTE CATÓLICO VON WERNICH

SE REANUDO EL JUICIO EN LA PLATA CONTRA EL EX CAPELLÁN POLICIAL ASESINO DE LA DICTADURAEl País

En qué estado está el juicio oral al criminal ?

Von Wernich: otro testimonio lo vinculó con la represión ilegal

Uno de los testigos dijo que sufrió, de parte del cura, la peor de las torturas, la moral.

TESTIMONIO. FERNANDO SCHELL ENTRA A DECLARAR, AYER, CONTRA VON WERNICH. TORTURADO, RECIBIÓ LA VISITA DEL CURA.

“Vos andabas poniendo bombas, hacías las cosas mal y cuando salgas, si salís, te van a rechazar”. En 1977, estas palabras del ex capellán policial Cristian Von Wernich dolían en la sien de Fernando Schell mucho más que la picana.

Schell permanecía secuestrado en la Brigada de Investigaciones de Quilmes y había escuchado de la presencia de “El Cuervo”, como conocían algunos presos al sacerdote, pero el 9 de febrero de 1978 estuvo frente a frente.

La insistencia del cura era por su presunta actividad guerrillera. Schell era un militante periférico de la Juventud Peronista. “Yo voy a salir porque no hice nada”, respondió entonces el preso ilegal.

Schell narró el encuentro con Von Wernich al Tribunal Nø 1 de La Plata, donde el sacerdote es juzgado por su presunta responsabilidad en crímenes de lesa humanidad. Está acusado de 7 homicidios, 42 secuestros y 31 casos de tortura.

El testimonio involucró directamente al religioso en el sistema de represión ilegal de la dictadura militar. Le asignó un rol, pero aún es imprecisa su responsabilidad directa en los delitos imputados. Hasta ahora, los testimonios le asignaban tareas de informante a partir del uso del sacramento de la confesión o de su actividad pastoral.

Ayer, además, Schell le atribuyó a von Wernich crueldad psicológica para quebrar el espíritu de los detenidos. “Pese a los golpes y las picanas, la peor tortura la sufrí de este señor, la tortura moral. Lo recuerdo -agregó Schell- y aún me duele que un sacerdote haga estas cosas. No era un cura, era un hijo de puta”.

Von Wernich no tiene obligación de estar en la sala de audiencias. Permaneció en la alcaidía de tribunales, a resguardo de palabras fuertes. En todo este tiempo, Von Wernich no alteró sus gestos. Adopta la misma actitud de aquellos días cuando, según Schell, algún detenido reprochaba su peligrosa cercanía con los responsables de la tortura.

“En una oportunidad le dije que era un cura con jinetas, un hijo de puta, que bendice armas para que otros maten y que no era él quien debía juzgarme, sino su Jefe, por Dios, si es que lo tenía; y le aseguré que si después me torturaban no me importaba”, declaró ayer Schell. “Después, sin decir palabra, Von Wernich se levantó. Nunca más lo vi y a los doce días me liberaron”.

El tiempo borró el testimonio de su paso por la mazmorra. Una tarde, con la moneda que los captores habían dejado en el bolsillo de su pantalón, Schell grabó en la pared húmeda de la celda “Mamá” y “Ana”, su novia. “Eran los dos amores de mi vida”, alcanzó a contar a los jueces antes del quebranto inevitable.

Desde hace semanas, sus movimientos como “testigo protegido” son controlados por un sistema de vigilancia satelital, a través de un microchip.

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